TEXTOS Y FOTOS: RICARDO PÁEZ
El día que confirmé que iba a vivir por un tiempo en Argentina, un solo sueño se abrió en mi ser como montañista: el poder ascender a la cumbre de “El Coloso de América”, el mítico Aconcagua y sus 6.962 m.s.n.m. que lo convierten en el techo de nuestro continente y una de las “siete cumbres” más altas del planeta. Llegó el final del año con varios tropiezos para la expedición, pero como siempre, la montaña si te cierra una puerta es porque una mejor se va a abrir, y en esta expedición me lo demostró más que nunca. Mi compañero inicial de cordada en Buenos Aires, por motivos personales, desertaba a nuestra empresa a semanas de viajar, pero esto no podía ser un impedimento a la misma, así que después de algunos correos y llamadas internacionales se abrió una nueva cordada: arrancábamos a finales de diciembre, junto con Luis Ossa y Sergio Echeverri, a intentar el ascenso por el glaciar de los Polacos.
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