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TEXTO: FERNANDO GONZÄLEZ-RUBIO

Soy un embajador de nuestro país. Mi deseo es darles a conocer nuestras montañas y generar el crecimiento del turismo especializado de aventura. En mis viajes he dado a conocer el esplendor de las montañas colombianas y, poco a poco, he logrado ver cómo mis aventuras se convierten en sueños invaluables para las personas que, al igual que yo, viven de la emoción de conocer aquellos paisajes que sólo pueden apreciarse desde lo alto de las prominencias de nuestra tierra.
Hoy, junto con mis amigos escaladores, provenientes de varios rincones del planeta, nos encaminamos en búsqueda de otra conquista; la nueva ruta hacia el pico más alto de la cordillera Oriental: la montaña Ritacuba Blanco, un tramo lleno de desafíos y de aventura, que tiene como objetivo principal crear nuevos trazos llenos de emoción para las próximas generaciones de escaladores que representarán, junto con nosotros, el futuro montañismo colombiano, que en la actualidad comienza a ser una razón de orgullo para nuestro país.

La historia comenzó hace un año, cuando en una reunión de escaladores planteamos el sueño de hacer una nueva ruta en tan imponente montaña. Me reuní entonces con un gran amigo llamado Iván Calderón, venezolano con quien compartía esta ilusión. Inmediatamente comenzamos a trabajar y fue así como poco a poco nos encontramos con dos buenos amigos italianos: Helmut Gargitter y Simon Kehrer, quienes son grandes exponentes de este deporte en el mundo.

Listo el plan
La cita para nuestra próxima aventura era Colombia y el objetivo abrir una nueva ruta. Se hicieron así los preparativos y al llegar el verano en nuestro país emprenderíamos esta gran aventura. Mis amigos, al llegar finalmente al país, vieron por sí mismos lo hermosa que es la tierra colombiana. Pudieron darse cuenta de que además de tener problemas sociopolíticos, también tiene gente espontánea y amable, con deseos de brindar hospitalidad a nuestros visitantes.

Con el tiempo comenzamos a planear y a organizar el viaje, y fue así como con nuestro equipo y, por supuesto, con toda la emoción y las ganas por dar inicio al recorrido, emprendimos el camino al Parque Nacional Natural Sierra Nevada del Cocuy y Güicán. Allí nos encontramos con el equipo de apoyo (conformado por Víctor, Joselyn, Gerardo y Jaime), que nos ayudaría con el transporte de las cargas y la alimentación necesaria para realizar el ascenso al pico Ritacuba Blanco. Fue entonces cuando partimos de Güicán a un sitio llamado la “Parada de Romero”, donde con ayuda de seis mulas transportamos todo el equipo y caminamos cuatro horas hasta llegar a la laguna Los Verdes, que se encuentra dentro del Parque Nacional Natural Sierra Nevada del Cocuy y Güicán. Una vez allí buscamos aclimatación que nos permitiera pasar en buenas condiciones la estadía y, además, que nos permitiera preparar el cuerpo para el recorrido de los próximos días. A la mañana siguiente caminamos hasta la base de nuestra montaña; el sueño se hacía realidad frente a nuestros ojos. Ahí estaba, tan imponente y esperándonos, ese día aún más bella que siempre.
¡A la conquista!
Agradecimos el poder ver esa belleza natural que Colombia nos ofrece. Y así, entonces, decidimos ensamblar el campamento base y empezar de una vez. Al amanecer seguimos nuestro camino; eran 800 metros que debíamos recorrer para llegar a la cumbre. Día a día avanzamos en nuestro camino lleno de dificultades y desafíos, pero estábamos decididos a sortearlos uno por uno, hasta llegar a la tan anhelada cima.
El clima durante el recorrido fue muy bueno y complaciente; siempre nos acompañó el sol hasta el mediodía, pero luego se perdía por el otro lado de la montaña y el frío comenzaba a poner a prueba nuestra voluntad y persistencia. Sin embargo, se necesitaba algo más que el frío para desvanecer nuestro objetivo, que era la conquista de la nueva ruta del pico Ritacuba Blanco. Al llegar la noche la temperatura bajaba, buscamos refugio para vencer el frío, nuestros equipos nos permitían dormir a la intemperie en una especie de “repisas” que encontrábamos en el camino. La alimentación se basó en alimentos deshidratados y livianos, que nos brindaban la energía necesaria para escalar durante el día; eran, aproximadamente, dos litros y medio de agua los que por persona debíamos cargar diariamente.
Fueron seis días en los que dormimos en la pared; al llegar a la cima recibimos el gran regalo que nos obsequió la naturaleza, la presencia de un cóndor que sobrevolaba la montaña, nos permitió ver su belleza, su imponencia. Estábamos en sus dominios. Descendimos la pared agradeciendo a la naturaleza ese gran regalo, todo lo aprendido, todo el esfuerzo que nos llena de mucha motivación para continuar llevando la bandera de nuestro país junto con los sueños de montaña. La ruta fue bautizada La Tierra de Cóndores, en honor al más grande habitante de los cielos de los Andes.
Esperamos que con estos logros y la divulgación de nuestro trabajo en las montañas aportemos a los colombianos soñadores de grandes proyectos y al desarrollo del turismo especializado en los parques naturales de nuestro país.

FOTOS POR EL EQUIPO DE LA EXPEDICIÓN RITACUBA BLANCO 2010:
Iván Calderón (Venezuela), Helmut Gargitter (Italia), Simon Kehrer (Italia) y
Fernando González-Rubio (Colombia).

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