Si existen especies vivientes que recorren nuestro planeta desde antes que los dinosaurios lo dominaran, tal vez las tortugas marinas son algunas de las más representativas. Sin embargo, su capacidad de adaptarse a los cambios que ha tenido nuestro planeta desde hace unos 110 millones de años no las preparó para afrontar la amenaza que el hombre representa para su supervivencia.
La caza indiscriminada, el saqueo de sus huevos, el deterioro de sus playas de anidación, la contaminación de los mares, las malas prácticas pesqueras y, en fin, muchos factores socioeconómicos de las poblaciones costeras han llevado a que todas las especies de tortugas marinas estén en peligro de extinción y, en algunos casos, en estado crítico y con pronósticos poco alentadores.
A pesar de la reglamentación existente para su protección, Colombia es uno de los países que más aporta en este deterioro; la mayoría de las playas de anidación existentes en el Caribe colombiano han desaparecido y en el Pacífico cada año disminuye la cantidad de tortugas anidantes. Por ejemplo, en 1972, en el Parque Nacional Tayrona se tenían registros de anidación de aproximadamente 600 tortugas y hacia el año 2003 tan sólo 20 llegaron a poner sus huevos; en La Guajira colombiana el nivel de capturas está por el orden de las 2.000 a 3.000 tortugas al año (estimativo realizado en el año 2000 por el Instituto de Investigaciones Biológicas Alexander von Humboldt y el Ministerio del Medio Ambiente) y en las playas en las que todavía hay presencia de tortugas anidantes, se hace muy poco para su conservación y la de sus huevos, pues se siguen comercializando artesanías realizadas con la concha de la tortuga Carey y, en fin, el desconocimiento de la gente sobre esta problemática es general.