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TEXTOS Y FOTOS: ANDRËS HURTADO GARCÍA
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“Todas las tierras son buenas, vámonos, amigo Cruz” Así termina el poema de Martín Fierro. Todas las tierra son buenas… pero algunas son más atractivas que otras. Después de rodar por el mundo, sin prisa y con los ojos bien atentos y el alma ansiosa y los pies olorosos a caminos, así contesto a los que me preguntan por los cinco países que imprescindiblemente se deben visitar . El orden es imperativo en los tres primeros y aleatorio en los dos últimos. Ellos son: Egipto, Grecia, Turquía, China, India. Si me urgen por un sexto, esperando cada uno que escoja su país de origen, mi respuesta es Marruecos. En ninguno de estos países se encuentran Las Vegas, Cancún, la Costa Azul y similares. Debo decir que estoy hablando con seriedad, y elegancia, y para gente culta, seria y valiosa, no con ínfulas de turismo fácil, alegrón y de tercera clase, turismo, que por lo demás, también merece respeto y cuesta mucho dinero.
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lea el artículo completo en la edición Nº. 14 de la publicación impresa |
Después de esta introducción severa y exultante, vámonos para Egipto. Egipto es Egipto, lo demás no es Egipto. Elemental, categórico e irrefutable. La persistencia de su antiquísimo pasado, ubicado en los umbrales de la humanidad; su aporte milenario a la cultura, el arte y la medicina de la humanidad; la terquedad por permanecer en pie de muchos de sus monumentos de inigualable belleza y significación para la humanidad; el constante aumento en número de los mismos mediante los nuevos descubrimientos; si “nunca tantos debieron a tan pocos”, como dijo Churchill en la Segunda Guerra Mundial, nunca ningún pueblo de la Tierra ha debido tanto a un río, como los egipcios a su Nilo, río Padre Dios y de qué manera; la simbiosis mágica entre río, pueblo y desierto y la presencia agobiante, abrasadora y creadora de un desierto a las puertas de la casa, el desierto más grande de la Tierra, todo ello hace que Egipto sea, un poco, la patria espiritual, cultural y lejana , de las personas cultas de todo el planeta.
La historia legendaria de Egipto se pierde en la noche de los tiempos, cuando la tierra había surgido todavía fresca de las manos de los dioses del Génesis. Osiris, el dios bueno, había enseñado a los hombres, los primitivos egipcios, a cultivar las márgenes del río, a prever las crecidas, a usar los metales, a obtener el vino de la uva y la cerveza de la cebada ,a domesticar los animales. Y con el sabio Thot les enseñó los rudimentos de la escritura. Terminada su labor marchó a Mesopotamia con el mismo propósito bienhechor. Al regresar a Egipto su hermano Seth lo mató, y repartió sus partes en todo Egipto. Isis, la amada esposa, con ayuda de Anubis lo resucitó. Horus el hijo de ambos, vengó la muerte de su padre y continuó su labor en la tierra. Los griegos, herederos en gran parte de la cultura egipcia, nos hablan de Prometeo, el semidios benefactor de la humanidad.

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