______________________Ultima actualización: 27 de mayo de 2011________________________________________________________________________________________
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TEXTOS Y FOTOS: ANDRËS HURTADO GARCÍA

¿Para qué repetirlo? Tengo una veneración obsesiva por los volcanes, sean activos o apagados; para mí siempre serán entrañables seres vivos. Hace muchos años subí por primera vez al Volcán Doña Juana, ubicado al nororiente de Nariño, cerca del municipio de La Cruz. Fueron 5 horas de lluvia intensa, neblina cerrada, frío y ventisca. Llegamos a la cumbre y no vimos nada. La deuda quedó pendiente; pero en la vida todas las cosas llegan, las cosas que han de llegar. Y llegó la hora de empacar morrales y volver a este rincón hermoso de Nariño, donde los volcanes se cuentan con varios dedos: el Doña Juana, el Animas, el Petacas y muchos cerros cubiertos de densa vegetación y que fueron volcanes en su telúrica niñez.
En Ipiales nos esperaba Ricardo Orbes, fiel compañero de aventuras por este departamento. Con él hemos subido volcanes y páramos, hemos visitado lagunas, pueblos y recorrido selvas. Teníamos una invitación generosa de Harold Chamorro, quien fue alcalde de Las Mesas, para hacer base en su pueblo y desde allí emprender el ascenso Pasamos, pues, por Pasto, Buesaco y el puente sobre el Juanambú. Este puente, que es patrimonio nacional, no tiene ni cemento, ni hierro y fue construido con cal y estiércol de vaca. Seguimos por Tablón de Gómez y llegamos a Las Mesas. Leonela, la esposa de Harold nos atendió magníficamente en su casa. Ya nos habíamos comunicado con Richard Sánchez, el jefe del recién creado Parque Nacional Natural Complejo Volcánico Doña Juana, Las Animas , Cascabel, quien destacó a Alfonso Arellano para que nos colaborara.
Soy y sigo siendo enemigo de los potreros; los considero el principio del desierto. El bosque, sostén de la vida y padre del oxígeno, cae bajo el hacha y la sierra mecánica y cede su lugar al potrero, el que a su vez se convertirá, merced a la erosión, en desierto. No obstante, debo reconocer que esta región de Nariño, vecina de la Bota Caucana, posee unos bellos potreros verdes que brillan bajo el sol y que alternan con cintas de bosques. Sabemos que las lavas volcánicas traen mucha fertilidad a los terrenos. Según los científicos el Doña Juana es uno de los volcanes activos más peligrosos de Colombia. Su período reciente de mayor actividad ocurrió entre los años 1897 y 1936. En l936 tuvo su última erupción y coincidió con la del Galeras de Pasto y el terremoto que destruyó a Túquerres y la zona de Cumbal. La erupción fue muy nefasta para la zona y mató alrededor de 100 personas; sin embargo con el tiempo las lavas trajeron fertilidad a las tierras circundantes.
Harold Chamorro nos acercó a la base de volcán y en las inmediaciones contratamos una mula a Pedro Pablo para que nos llevara los morrales. Desde Bogotá había viajado conmigo Andrés Julián Morales, quien junto con Ricardo Orbes sería mi compañero en esta aventura. Dos muchachos de la región, conocedores a fondo del Doña Juana nos acompañaron, Leonardo Martínez y José Luis Rosero. El tiempo era maravilloso: el cielo estaba escandalosamente azul y frente a nosotros se alzaba la mole hermosa del volcán, que nos mostraba su cara occidental con todos los pliegues y las enormes rocas de la cima, muy fracturadas.

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