TEXTO: GERMÁN OLIVEROS
FOTOS: DIEGO HERNÁNDEZ Y ALBERTO ACOSTA.
¿Dónde buscar las emociones? ¿Dónde está la adrenalina?
Mis hijos no me lo están preguntando, pero tengo que informárselo antes de que la busquen por su cuenta sin ninguna orientación. Mi tío Camilo, 7 años mayor que yo, junto con mi tía Marcela, me enseñaron a montar en bici, y, claro, me pasó lo que a muchos en esa época, me la robaron al frente de la casa por esos caprichos de las mamás: “Mijo, deje la bicicleta afuera que me ensucia el piso”. ¡Y carajo!, me la robaron.
Tengo 41 años. A mí me tocó la Bogotá con parque para jugar fútbol con los amigos del barrio, con las calles libres para montar
en bicicleta y, ¡por Dios!, con una pista de ciclocross cerca de la casa. Quedaba donde hoy es el cruce de la Avenida Boyacá con calle 127; era una pista de tierra improvisada, no sé por quién, pero era una fantasía hecha realidad para nosotros los vecinos del barrio.
Ver artículo completo en la edición Nº. 12 de la publicación impresa