las 7 maravillas naturales de colombia 7 Maravillas Arqueologicas de Colombia Los 7 Maravillosos Pueblos de Colombia
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Museo Bolivariano de Arte Contemporéneo
Revista Viajes & Aventura

Muchos acontecimientos han marcado la historia y la cultura de Colombia, y para que las huellas de estos hechos trascendentales en la vida del país permanezcan grabadas eternamente en la memoria de sus pasadas, presentes y futuras generaciones, algunos de sus más significativos tesoros, tanto tangibles como intangibles, han sido declarados como Monumentos Nacionales, hoy conocidos como Bienes de Interés Cultural de Carácter Nacional y constituidos por expresiones, productos y objetos del patrimonio cultural con significativos valores simbólicos, artísticos, estéticos o históricos.
La Constitución Política de 1991 consagró la cultura como un elemento primordial para el desarrollo del país y como fundamento de la nacionalidad; dentro de este contexto, los Bienes de Interés Cultural representan una categoría especial de bienes del patrimonio cultural de la Nación y, por lo tanto, el Estado, pero también los particulares, deben protegerlos. VIAJES & AVENTURA, en su empeño por destacar los valores materiales e inmateriales del país, pero también por crear conciencia sobre la necesidad de conocerlos y cuidarlos, ha escogido a los Monumentos Nacionales como una de las categorías dentro de las 7 Maravillas de Colombia.

 

Pedro de Heredia, un conquistador que llegó en 1501 a la aldea indígena Calamar, en el norte del país, para establecer un campamento provisional, tomó la decisión de quedarse y fundar en 1533 el que llegaría a ser el puerto colombiano más importante en la época de la Colonia y la ciudad que años más tarde sería escenario de múltiples batallas, combates y blanco de piratas.
Cartagena de Indias, ubicada a orillas del mar Caribe, fue construida como centro de intercambio comercial entre las colonias y España. Debido a su ubicación geográfica, que era punto estratégico para los ataques de enemigos franceses y británicos, fue necesario construir cercos de murallas y baluartes que protegieran y defendieran la ciudad. En el siglo XVI, por orden de la Corona española, comenzó la construcción del que hoy es uno de los puntos históricos y turísticos más importantes del país.
Su construcción se realizó en varias etapas en las que participaron diferentes arquitectos e ingenieros. Se dio inicio en 1586 con el ingeniero italiano Bautista Antonelli; continuó Cristóbal de Roda en 1608; le siguió Francisco de Murga, en 1631; en 1721, se encargó don Juan de Herrera y Sotomayor; y finalmente, el ingeniero Antonio Arévalo culminó las obras en 1796.

 

Ubicado en la ciudad de Bogotá DC y uno de sus edificios más significativos tanto por su arquitectura como por su historia, el Museo Nacional de Colombia se ubica como el segundo monumento nacional más importante para los lectores de la Revista Viajes & Aventura.
El Museo Nacional de Colombia tiene una característica particular ya que contiene muchos otros monumentos debido a la riqueza de las colecciones que posee. La historia de este monumento es muy extensa y debemos considerar que se compone de dos partes: el edificio y las colecciónes de arte.
El edificio fue diseñado por el arquitecto danés Thomas Reed en la década de 1850 para ser la penitenciaría del Estado de Cundinamarca; además diseñó importantes planos como los del Capitolio Nacional. Si bien la construcción del edificio se inició realmente en 1873 cuando por decreto el Gobierno ordenó la construcción de la penitenciaria bajo los planos diseñados por Reed, sólo se concluyó hasta el año de 1888 cuando fue oficialmente inaugurada. La penitenciaría cumplió su misión hasta el año de 1946 cuando las personas que se encontraban dentro del conocido Panóptico fueron trasladadas a una nueva locación y el edificio inició su transformación en el actual Museo Nacional, cuya remodelación terminó hacia el año de 1948 cuando es oficialmente inaugurado en esta nueva sede. El edificio ha recibido un par de remodelaciones desde su inauguración como museo, una parcial entre 1976 y 1977 y la última entre el año 1989 y 1991 que es la que ha conservado el edificio hasta el día de hoy.

 

El 7 de agosto de 1819 a las dos de la tarde se inició la batalla que brindó la independencia a nuestro actual país, la Batalla de Boyacá. Esta batalla se desarrolló en el valle aledaño al río Teatinos en el departamento de Boyacá, más exactamente en el sitio conocido como Puente de Boyacá, único en el área que permitía atravesar el río y sitio donde confluían los dos caminos que iban desde Tunja a Bogotá: el camino real de Tunja a Santa Fe de Bogotá y el camino de Samacá.
Como un breve resumen de la batalla queremos mencionar que las tropas realistas bajo el mando del coronel José María Barreiro contaban con 2.940 hombres mientras que las tropas patriotas bajo el mando de El Libertador Simón Bolívar contaban con 3.230 soldados. La idea de ambos bandos era cortar el paso del otro y así llegar victoriosos a la ciudad de Santa Fe de Bogotá, la capital del aquel entonces virreinato. Las tropas realistas venían del poblado de Motavita, por el camino de Samacá, y las tropas patriotas de Tunja por el camino real; es importante anotar que las tropas patriotas venían victoriosas de la batalla del Pantano de Vargas donde habían obtenido un importante triunfo sobre las tropas realistas, lo que no sólo les dio moral para continuar con la campaña, sino que también permitió ejercer movimientos militares que serían determinantes para la Batalla de Boyacá. A primeras horas de la tarde del 7 de agosto la vanguardia de los dos ejércitos se encontraba en el lugar denominado Casa de Teja y se dio un primer combate que obligó a reubicar batallones y soldados de ambas partes. Fue como se inició la verdadera batalla que en el transcurso de sólo unas horas y gracias a la valentía y determinación de las tropas patriotas terminó con la derrota definitiva de las tropas realistas; cuyos comandantes fueron tomados prisioneros y se dio el parte de victoria. Tan sólo tres días después, la tropa patriota encabezada por El Libertador Simón Bolívar entró triunfante a la capital.

 

“Colombianos: mis últimos votos son por la felicidad de la patria: si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.”

SIMÓN BOLIVAR
Hacienda de San Pedro Alejandrino
10 de diciembre de 1830

Con estas palabras nuestro Libertador cerró su última proclama al pueblo colombiano, tan sólo una semana después Bolívar abandonaba este mundo para colocar su nombre entre los grandes de la historia no sólo local, sino mundial. Si bien las palabras de El Libertador fueron prontamente olvidadas por aquellos a quienes ofreció su vida, su legado aún permanece y por esta razón la Revista Viajes & Aventura incluye por elección de sus lectores la Quinta de San Pedro Alejandrino como el cuarto de Los 7 Maravillosos Monumentos Nacionales.
Ubicado cerca de Santa Marta en el departamento de Magdalena, este lugar fue originalmente una casa de campo fundada en el año de 1608, el día de San Pedro de Alejandría, y por esto su nombre. Perteneció durante largo tiempo al canónigo de la catedral de Santa Marta Francisco Godoy y, poco a poco, se fue transformando en hacienda donde se cultivaba principalmente caña de azúcar, coco y algunos árboles frutales. De la misma forma se construyeron sus edificaciones principales, así como el trapiche y la destilería, entre otros; es importante anotar que la fabricación de panela y licor era la actividad principal de este lugar.

 

“Coronel, ¡salve usted la Patria!”; fueron las cinco palabras pronunciadas por El Libertador Simón Bolívar y que repentinamente se transformaron en un grito infinito de lucha que, además de llenar de valor al coronel patriota Juan José Rondón y a sus 14 valientes e intrépidos jinetes llaneros para triunfar sobre los realistas en la Batalla del Pantano de Vargas, también inspiraron la vena artística del maestro Rodrigo Arenas Betancourt para esculpir, 150 años después, el monumento ‘Los Lanceros del Pantano de Vargas’, uno de los más destacados de Colombia.
Fue el 25 de julio de 1819, cuando en su camino hacia Santa Fe, a eso de las once de la mañana, el Ejército comandado por Bolívar se encontró en el altiplano cundiboyacense, más exactamente en una zona conocida como el Pantano de Vargas, con las tropas realistas al mando de José María Barreiro. Después de una ardua confrontación armada, y de estar casi al borde de la derrota debido al agotamiento de los soldados por el complicado ascenso al páramo de Pisba, un ataque sorpresivo del escuadrón de la legión británica dirigido por el coronel James Rooke y la efectiva y feroz carga de caballería de los lanceros de Rondón, dieron un giro a la batalla para finalmente alcanzar el triunfo. Esta victoria fue fundamental para inyectar optimismo y subir el ánimo de los patriotas en el combate que se presentaría 12 días después: la Batalla de Boyacá.

 

El café, el producto nacional por excelencia, ha sido vital en el progreso del país, entre otras razones, porque desde hace mucho tiempo se ha convertido y posicionado como el principal soporte de su economía en los mercados interno y externo. Pero para que este proceso de desarrollo encontrara su cauce, ha sido indispensable la construcción de importantes vías de comunicación terrestre, como carreteras, ferrocarriles y puentes.
Y una de esas grandes construcciones es el imponente Puente de Occidente, que al observarlo detenidamente pareciera haber sido extraído de la arquitectura de un país lejano y de ensueño. Pero no es así, fue diseñado y edificado aquí en Colombia, sobre el río Cauca y en la siempre agradable compañía del paisaje antioqueño. Su gestor, el ingeniero José María Villa, fue considerado como una mente brillante y su obra insignia no deja mentir a quienes así lo han catalogado. Este ingeniero mecánico de la Universidad de New Jersey también colaboró en la construcción de otras obras importantes como el Puente Iglesias, entre las poblaciones de Fredonia y Támesis; Pescadero, el Puente Navarro; en Honda, el puente de La Pintada; y el de Brooklyn, en New York.

 

El ferrocarril fue un medio de transporte que revolucionó el progreso colombiano. Logró disminuir las distancias entre departamentos, ayudó al desarrollo tecnológico, industrial y económico, transformó los sistemas de comunicación y llegó a ser parte de la cotidianidad del país. En este desarrollo, se resalta la construcción del ferrocarril de Antioquia y, con él, la creación de una de las primeras estaciones del tren en Colombia: la Estación del Ferrocarril de Medellín.
Esta majestuosa estructura de estilo neoclásico francés fue construida entre 1907 y 1914 por el ingeniero y arquitecto antioqueño Enrique Olarte. Ubicada en el corazón de la ciudad, sobre la calle San Juan, a un costado del hoy Centro Administrativo la Alpujarra, se inauguró el 9 de marzo de 1914. Fue el edificio con el que se consolidó la empresa del Ferrocarril de Antioquia y el lugar estratégico para el sistema ferroviario del departamento, por donde corría la línea del Ferrocarril de Amagá, que unía a Medellín con Bolombolo, a orillas del río Cauca.

Ver artículo completo en la edición Nº. 8 de la publicación impresa

 

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