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Textos:
Camilo Bolívar Cardozo |
Fotos:
óscar garcés
cámara lúcida
andrés hurtado garcía
revista viajes & aventura |
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La Constitución Política de Colombia de 1991 estableció la libertad de culto en el país. Sin embargo, desde su nacimiento, y a lo largo de su existencia, primero como colonia y después como estado independiente, ha mantenido durante todas las etapas de su historia un profundo arraigo y apego a las costumbres y a las creencias religiosas, sobre todo, a las relacionadas con la Iglesia Católica Romana, de la que más de 85 por ciento de su población se declara adepta, según diferentes encuestas. Es imposible desligar de la vida de los colombianos la religión, como también es imposible visitar a cualquier municipio o vereda del país y no encontrar, al menos, una iglesia, grande o pequeña, modesta u ostentosa, católica o de cualquier otro culto, pues la arquitectura religiosa siempre ha tenido una gran relevancia en el territorio nacional desde que llegaron los primeros evangelizadores, catequizadores y misioneros de diferentes órdenes religiosas españolas y comenzaron a edificar sencillos ranchos-capillas, donde adoctrinaban y celebraban misas. Por esta razón, la revista VIAJES & AVENTURA ha escogido este tipo de construcciones como una de las categorías del concurso las 7 Maravillas de Colombia. En esta edición los suscriptores sabrán los resultados y podrán conocer la historia y las características y apreciar las imágenes de algunos de los templos y catedrales más representativos del país. Como se ha recalcado en las publicaciones anteriores, entre tantas maravillas sólo hay espacio para las 7 escogidas por los lectores de las ediciones impresas y de la página Web, pero la Revista es respetuosa y consciente de la importancia y del valor espiritual que cada iglesia tiene para sus devotos feligreses. Seleccionadas por la imponencia de las construcciones de diversos estilos arquitectónicos, por la majestuosidad de su estampa, por la originalidad de su edificación, por su invaluable patrimonio histórico, por las incalculables riquezas artísticas y culturales o, por supuesto, por la gran cantidad de fieles que congregan, las iglesias elegidas representan el sentir religioso, místico y espiritual de la gran mayoría de los habitantes de Colombia.
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Santuario Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas, Nariño |
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María Mueses de Quiñones era una humilde indígena que cierto día de 1754 iba a su casa por la ruta Potosí-Ipiales con su hija Rosa, cuando de pronto comenzó a caer una tormenta. Al decidir refugiarse en una cueva con su pequeña, la niña, sordomuda de nacimiento, quien se estaba trepando por las lajas, sorprendentemente le dijo a su madre que una mestiza la estaba llamando. Ante la incredulidad de sus patronos y del sacerdote de Ipiales, María, en compañía de ellos y de varios habitantes de la población, volvieron al lugar y quedaron perplejos al observar la imagen de la Virgen. Así comenzó la historia del
Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas.
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Catedral de Sal de Zipaquirá, Cundinamarca |
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Patrimonio Histórico, Cultural y Religioso, son algunas de las denominaciones y reconocimientos que confirman la grandiosidad de la Catedral de Sal, una de las obras arquitectónicas y artísticas más bellas y majestuosas del país, localizada en el municipio de Zipaquirá, departamento de Cundinamarca, a 49 kilómetros al norte de Bogotá. Es el atractivo turístico más llamativo del complejo temático El Parque de la Sal, que es una reserva natural y cultural de 32 hectáreas construido en reconocimiento a la geología, la minería y a de Zipaquirá Catedral de Sal Joya arquitectónica de la modernidad los recursos naturales y ambientales. Para la edificación de la Catedral Subterránea se extrajeron, aproximadamente, 250 mil toneladas de sal roca y se utilizaron 79 toneladas y media de explosivos para la apertura de socavones. En la labor de minería participaron 127 mineros, 110 talladores, y 80 empleados más se encargaron del trabajo en exteriores.
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Santuario de Monserrate, Bogotá |
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Dice Jorge Añiz en su canción Los cucaracheros que “el que en Bogotá no ha ido con su novia a Monserrate, no sabe lo que es canela ni tamal con chocolate”, pero, además, se ha perdido la gran oportunidad de conocer uno de los emblemas más impactantes de la capital de Colombia, reconocido
nacional e internacionalmente por ser uno de los santuarios más visitados del país y un espacio único para disfrutar de la naturaleza y, al mismo tiempo, buscar un encuentro espiritual y muy íntimo con el Creador.
Desde allí se puede divisar gran parte de Bogotá, pero también casi desde cualquier punto cardinal de la ciudad, con sólo levantar un poco la cabeza, es posible admirar en todo su esplendor, de día y de noche, a Monserrate, que junto a Guadalupe son los cerros tutelares de la capital. En la cima, a 3.152 metros sobre el nivel del mar, se encuentra el Santuario, terminado de construir en 1640 por Pedro Solís, al principio como una Monserrate Peregrinaje al encuentr o del Señor ermita en honor a la Virgen Morena de Monserrat, cuyo santuario se localiza en Barcelona, España.
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Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Boyacá |
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En el centro del país, en el departamento de Boyacá y a 136 kilómetros al norte de Bogotá, se localiza Chiquinquirá, la ‘Ciudad Mariana’ y ‘Capital Religiosa de Colombia’, llamada así por las permanentes peregrinaciones para venerar a la Virgen del Rosario, consagrada en 1916 por el Gobierno de Colombia como patrona del país. En el siglo XVI, en la zona, más exactamente en la región de Suta, existía una capilla de paja y sobre su altar reposaba un lienzo con la imagen de la Virgen del Rosario, pintado por
Alonso de Narváez de Andalucía y hecho de algodón indígena; medía 49 pulgadas de ancho por 44 de alto. Con el tiempo, el cuadro se deterioró debido a la humedad y a las goteras que había en la pequeña iglesia. Por esta razón, en 1578 fue trasladado a la capilla de Chiquinquirá, donde fue casi que abandonado.
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Catedral de Tunja, Boyacá |
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En una ciudad caracterizada por la mezcla de diversas corrientes artísticas y por contar con varias joyas arquitectónicas en el perímetro urbano, materializadas en templos, conventos y edificaciones particulares,
sobresale la catedral, hoy conocida como la Basílica Metropolitana de la Parroquia de Santiago El Mayor de Tunja, y ubicada en el costado oriental de la Plaza de Bolívar de la ciudad capital del departamento
de Boyacá. Es reconocida como la catedral más antigua de Colombia y como la iglesia más importante de la Arquidiócesis de Tunja, además de ser sede arzobispal desde el 29 de julio de 1880, cuando mediante la
Bula ‘Infinitus Amor’, de León XIII, se creó canónicamente la nueva Diócesis de Tunja, que comprendía, además las provincias de Tundama, Vélez, Socorro y Casanare. La iglesia antigua, construida en la Plaza
Mayor con el fin de celebrar la primera misa en la región, tenía las características de las edificaciones indígenas, es decir, sencilla, de forma rectangular, paredes de tierra y cubierta con techo de paja. Este pequeño templo se incendió en 1553, y aunque los diezmos de los habitantes de Tunja ayudaron al levantamiento de uno nuevo de piedra y ladrillo, el interés del cura Juan de Castellanos (designado beneficiado) por hacer una catedral similar a las europeas, permitió que se construyera la actual.
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La Ermita de Nuestra Señora de los Dolores, Cali |
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Feria, mujeres bonitas, salsa, champús y pandebono son algunas de las tradiciones más reconocidas de Santiago de Cali, la capital del Valle del Cauca. Pero una ciudad reconocida como ‘La Sucursal del Cielo’ no puede desligarse de las prácticas religiosas, y varios de sus atractivos turísticos más representativos muestran la importancia que tiene la fe para sus habitantes. Uno de dichos lugares emblemáticos es la Ermita de Nuestra Señora de los Dolores, ubicada en la Avenida Colombia, frente al Paseo Bolívar y a orillas del río Cali. La Ermita no siempre tuvo el llamativo estilo arquitectónico que se observa en la actualidad. En la época colonial, más exactamente en 1602 cuando se construyó, era una pequeña capilla de bahareque y con techo de paja y sólo conocida por una pintura hecha por Farfán. Los predios de la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad del Río, como se llamaba en ese entonces, por varios años fueron causa de discrepancias entre las personas que los reclamaban como suyos, pero tiempo después, para terminar con las confrontaciones, la Municipalidad los declaró de utilidad eclesiástica.
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La Señora del Carmen es una de las advocaciones de la Virgen María con más arraigo y devoción en Colombia. Precisamente, el nombre de este Santuario, uno de los pilares históricos y religiosos más llamativos y reconocidos de Bogotá, es un sentido homenaje a ella. La iglesia se localiza en pleno Centro Histórico de la capital de la República, en el barrio La Candelaria, uno de los más populares
y tradicionales de la ciudad. A mediados del siglo XVII, y debido a los buenos oficios de doña Elvira Gutiérrez de Padilla, donde hoy queda el templo se construyó el monasterio de San José, perteneciente a la Orden de las Monjas Carmelitas. Allí había una pequeña iglesia que durante algunos siglos se convirtió en sitio de veneración a la Virgen del Carmen. Luego, por mandato del presidente Tomás Cipriano de Mosquera, el claustro fue cerrado, tomado por el Ejército y despojado de sus elementos más valiosos. Al reabrirse, en 1890, por orden de Rafael Núñez, su administración le fue concedida a la Comunidad Salesiana, que al poco tiempo inició su misión educativa. Para albergar la gran cantidad de devotos que llegaba a la ciudad, proveniente de todo el país, para asistir a la celebración de las Fiestas Marianas, la Basílica Primada era insuficiente. Por esta razón, el director del Colegio Salesiano León XIII, José María
Bertola, consultó a monseñor Bernardo Herrera Restrepo sobre el lugar donde debía edificarse el nuevo templo para la veneración de la Virgen. Se escogió el antiguo sitio del Carmen.
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